La fiesta Kerb es una celebración religiosa que trasciende ese ámbito para
convertirse en el epicentro de la vida social y familiar. Pero, ¿qué es exactamente una
fiesta Kerb y por qué es tan importante para la localidad de Pueblo Santa María
La Kerb es una celebración anual en honor a la santa patrona dela localidad, una
tradición que fusiona la fe y la cultura y se divide en dos partes bien definidas. La
primera, de carácter religioso, se lleva a cabo cada 8 de septiembre, jornada en la que se
conmemora la entronización de la iglesia en honor a la Virgen, en el día de su
Natividad. Ese día se realizan misas, novenas y una procesión solemne donde la imagen
de la Virgen es llevada por las calles en medio de cánticos y oraciones. La segunda
parte es la fiesta secular y familiar, que se celebra el fin de semana siguiente.
Antiguamente, los festejos se extendían desde el jueves hasta el lunes, en que una
procesión se dirigía al cementerio para rendir homenaje a los colonos fallecidos, un acto
que subraya la conexión de la comunidad con sus raíces y su historia.
Preparativos para el festejo
En otros tiempos, y a medida que se acercaba la fecha, el pueblo entero se
llenaba de actividad. Las mujeres de la familia realizaban una serie de tareas
meticulosas que duraban semanas. Desde la limpieza profunda de cada rincón de la casa
hasta el amasado y horneado de decenas de Dünne Kuchen en los hornos de barro.
Una de las costumbres más curiosas era la de blanquear las paredes de adobe con
cal, a veces utilizando el residuo del carburo cálcico de los equipos de soldadura. Las
abuelas, con una creatividad innata, decoraban las paredes interiores estampando ovillos
de lana mojados en tintura azul. En las casas más acomodadas, con ladrillos a la vista,
los techos se pintaban de rojo y las puertas y ventanas de verde. Esta tradición creaba
una imagen icónica del pueblo: casitas agrupadas a la sombra de la torre de la iglesia,
una estampa que recordaba a las aldeas europeas.
El regreso a casa para celebrar en familia
Con la llegada de la Kerb, la población de la colonia se multiplicaba. Familias
enteras, que habían emigrado en busca de trabajo, regresaban a su hogar. Llegaban en
tren o en carros tirados por caballos, a veces tras días de viaje, cargados con alimentos y
provisiones para compartir. Para muchos, esta era la única oportunidad de reencontrarse
con sus seres queridos.
El espíritu festivo se contagiaba a toda la comunidad. La iglesia se vestía de
fiesta, con grandes y vistosos arreglos florales en el altar, que se cubría con los manteles
más elaborados, en los púlpitos y en otros lugares destacados del templo, se encendían
más velas que las habituales y se colocaban estandartes y guirnaldas.
Lo mismo sucedía en las escuelas parroquiales donde las hermanas religiosas se
esmeraban por adornar las aulas, los pasillos y los patios con banderines de colores y
organizaban todo tipo de eventos, desde quermeses hasta obras de teatro.
Las calles se engalanaban con adornos coloridos, mientras la música resonaba en
el ambiente, desde grabaciones nostálgicas hasta las actuaciones en vivo de orquestas.
Las instituciones y familias organizaban tertulias y bailes, creando espacios de sociabilidad y alegría, en un ambiente de fiesta que trascendía lo puramente religioso,
convirtiéndose en un elemento central de la identidad comunitaria, fortaleciendo los
lazos sociales y el sentido de pertenencia.
El domingo, después de asistir a misa para rendir homenaje a la patrona de la
localidad, la familia completa se congregaba alrededor de la mesa paterna para
compartir un suculento almuerzo, consistente en asado al horno con papas, Füllsen,
entre otras delicias que se cocinaban en el horno de barro. La sobremesa se prolongaba
con bulliciosas conversaciones, en la que todos querían hablar con todos, compartiendo
las novedades, luego de no verse durante meses o tal vez años, en la que no faltaba la
música, el canto y el baile y a la hora de la merienda, se servía el tradicional Dünne
Kuchen acompañado de mate o cerveza.
El lunes, la celebración continuaba con más eventos y actividades, culminando
con la procesión al cementerio. Un final emotivo que honraba a los que ya no están,
cerrando un ciclo de fiesta, fe y memoria.
La Kerb no es solo un evento; es una manifestación del alma del pueblo, una
tradición que fortalece la identidad y el sentido de pertenencia de cada habitante de
Pueblo Santa María.
Julio César Melchior lanzará el domingo un nuevo libro sobre los alemanes del
Volga, con el título “Hilando Recuerdos de los alemanes del Volga”. El acontecimiento
tendrá lugar sobre la Avenida 11 de Mayo de la localidad.
Para los que no puedan participar y estén interesados en adquirir la obra, pueden
escribir al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com o al WhatsApp 2926 461373.
Pueblo Santa María está ubicado en el Partido de Coronel Suárez, en el
sudoeste de la Provincia de Buenos.

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